Sor Antonia Lucía del Espíritu Santo
Nacida en Guayaquil en 1646, la Madre Antonia Lucía del Espíritu Santo, quien había fundado en El Callao un beaterio, al que denominó Colegio de Nazarenas, el mismo que fracasó ante las excesivas exigencias de sus donantes.
Luego se traslada a Lima a la zona de Pachacamilla que le dejó como herencia Antuñano donde incluía la bendita efigie del Señor, para ser más precisos donde actualmente se levanta el Santuario. Y funda el beaterio (y posteriormente monasterio) de las Nazarenas, quedando adscrito al Santo Cristo prometiendo su guarda y custodia para siempre; sin embargo, la institución necesitaba de la autorización real para funcionar. Al morir la Madre Antonia, el Beaterio designa como superiora a sor Josefa de la Providencia, quien, tras 18 años de lucha, consiguió que en 1720 el rey de España, Felipe V, y el papa o Benedicto XIII, en 1727, otorgaran la licencia y aprobación para la fundación del Monasterio de las Nazarenas y su transformación en el monasterio de clausura agregado a la Orden de las Carmelitas Descalzas, quedando oficialmente inaugurado el Monasterio el 11 de marzo de 1730.
El terremoto y maremoto de 1746
El 28 de octubre de 1746 el día en que se registró el peor terremoto ocurrido en Lima, Callao fue destruido por un maremoto, siendo virrey del Perú el conde de Superunda, don José Manso de Velasco fue así como había una vez, cada año, en este día, sale el Señor de los Milagros en Procesión y se hace su día festivo central.
El Templo de las Nazarenas
Por decisión y apoyo incondicional del entonces virrey Manuel Amat y Juniet, aportar anualmente desde el año de 1764 hasta 1776, 150 pesos de la época como limosna para la construcción del nuevo Templo de Nazarenas, llegando a duplicar en la cuaresma de 1775 la limosna. También colaboró en todos los estudios técnicos de los planos de la obra, la inspección de la construcción y todos los permisos necesarios para que finalmente fuera inaugurada el 21 de enero de 1771 ante el júbilo de las Madres Nazarenas como el pueblo de Lima. Cabe resaltar que la idea originalmente fue de Micaela Villegas la Perricholi, quien era devota del Señor de los Milagros, y un buen día visitó la ermita y al verla en lamentable estado, decidió levantarle un templo digno para su culto, e hizo las coordinaciones con su pareja sentimental el virrey Amat y se ejecutó la obra, con recursos propios y del pueblo limeño.
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